Héctor A. Gil Müller
La campaña contra los migrantes emprendida
por el gobierno de Estados Unidos continua su marcha, recientemente empezó a
circular un anuncio en el territorio nacional, pero mediante las plataformas digitales
en el que se pide a quienes cruzaron ilegalmente al país americano a “autodeportarse”.
Esta difusion masiva se suma a la que se realizó en televisión abierta y que
abrió paso a una serie de discusiones sobre la censura y el control de los
medios para difusión de propaganda extranjera.
Los tiempos van conformando un
entorno mas nacional y menos global. Estas campañas son un claro ejemplo de la
rigidez de las fronteras, y una campaña que busca cumplir con lo que propuso
Trump en su campaña, dar un remedio a la pesada crisis social que Estados
Unidos está viviendo.
En México las redes sociales, el
internet y sus plataformas aun son tierra ajena. No buscamos sancionar igual
que al espectro público en materia de telecomunicaciones, al igual que las
aplicaciones de servicio sobre las conseciones de transporte que se tienen. La
modernidad parece un terreno diferente aunque el objetivo y finalidad sea el
mismo. El silencio ante el anuncio, que seguramente tendrá el mismo impacto en
difusión que el anterior, comprueba que en la red el terreno aun es de quien lo
pisa.
La migración es uno de los
mayores desafios de nuestros tiempos. Los paises han dejado de ofrecer las
oportunidades de desarrollo que se pueden suponer en otras latitudes. La mayor
cantidad de opciones y las diversas revoluciones en la forma de pensar han
hecho que miles de personas se desplacen, de manera legal o ilegal buscando un
nuevo espacio para construir la vida. El fenómeno no se contendrá por un
anuncio pero los motivos si se enfrentan disponiendo esos mensajes culturales
que buscan disuadir. Las acciones para contener la migración estaban escondidas
entre muchos límites políticos, en un tiempo en que se hablaba de derechos
humanos y nunca de obligaciones humanas era muy retador que alguien con
cualquier poder político se levantara y dijera un “no”. Lo mismo con todos los
límites que se borran y que hoy empiezan, en un mundo cambiante, a dibujarse
aun y cuando se tilde de autoritarismo.
Independientemente de la afrenta
cultural, de la discriminación existente y la revictimización del migrante,
¿será malvada esta publicidad?, seguramente veremos más expresiones que buscan
disuadir un comportamiento. El propio tio Sam, con su pose amenazadora expresa
esta política. La disuasión por presencia impide seguir comportamientos
temiendo el castigo aun y cuando este no se advierta inmediato. En nuestro
entorno la impunidad es una realidad, el castigo no llega si no se sabe del
comportamiento e incluso sabiendose se puede esquivar el dolor de la pena. De
ahí que nos parezca ofensivo aunque no lo sea. La sensación de ser medido nos
vuelve iguales pero también merecedores de una evaluación, la antesala de un
castigo. En esas fronteras nos sentimos vulnerables si el éxito significa la
ausencia de un castigo y no la presencia de un mérito. Hay quienes afirman que
el poder termina cuando la existencia de una sanción nace.


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