Héctor A. Gil Müller
Me parece que una de las frases que más ha
circulado al mundo durante la pasada semana ha sido “deben estar agradecidos”,
el presidente Trump la utilizó durante sus intervenciones en Davos 2026, un
centro neurálgico para calibrar la temperatura política y también económica a
nivel internacional. En México la gratitud también se invoca y exige, la misma
intención se utilizó en diversos discursos políticos, con diferentes palabras
pero en el mismo sentido. Cada vez que se mencionan los programas sociales, las
inversiones en infraestructura o en general cualquier acción política incita a
exigir, al menos como contraprestación, el agradecimiento.
La gratitud de quien recibe no es igual a la
gratitud de quien entrega. Quien cumple le es grato por el compromiso moral que
sacia. Políticos agradecidos que han amasado su fortuna gracias al encumbrado
sitio que han tenido, un par de años cercanos al erario han sido suficientes
para nutrir sus arcas hambrientas de deseos económicos. Aunque en el discurso
la austeridad y gasto responsable es un indiscutible elemento de cualquier
discurso político, en la realidad algunos de ellos utilizan su alto encargo o mérito
público para agradecerse por las aflicciones reiterando la plegaria: “no te
pido que me des, sino que me pongas donde hay”
La gratitud se cosecha, es cierto, ella mueve
las acciones. Los chinos con su sabiduria ancestral se repiten: “cuando bebas
agua, recuerda la fuente”. La presión política que se vive en el país, comentan
quienes saben, ha ido presionando a las cúpulas políticas a perder la serenidad
y comenzar los apuros. Durante la semana circuló acerca de un enfrentamiento
entre la presidenta Claudia Sheinbaum y su Secretario de Seguridad García
Harfuch, quien se ha vuelto el receptor de todas las críticas del gobierno americano
a México. La escalada en inseguridad y la referencia, constante y continua, a
la intervención de grupos delictivos en los diversos órdenes de gobierno
exigen, como un barril dificil de saciar acciones en contra.
El tiempo, ese arduo maestro que mata a todos
sus alumnos, hace mas estragos en la gratitud que incluso en la belleza misma,
porque el tiempo sepulta intenciones y motivaciones. Lo primero que deja el
ciego al recuperar la vista es el bastón que lo apoyó. Alianzas, favores,
coaliciones, vínculos o negociaciones incluiyen en si mismas expectativas de
gratitud o afloran añejos indicios de la misma. Hacer un justo balance de lo
que tenemos nutre al alma, misma que mueve su aliento por la gratitud y por el
contentamiento.
En los tiempos aciagos de escaso crecimiento
económico se han destacado escuetos logros en materia de seguridad, ante
acontecimientos crueles y desalmados que exhiben las peores conductas de la
ambición humana en el crimen, se ha destacado la coordinación entre los actores
para combatir al crimen, ante las declaraciones de quienes ven a México presa
del crimen, se ha destacado la estrategia. Los resultados han sido parcos y la
gratitud no ha llegado. Ni los resultados, ni la coordinación, ni la estrategia
ha sido suficiente para contrarrestar los estragos de estos tiempos. Sobre todo
con la experiencia de Venezuela, cuyo dictador enfrenta un proceso por temas
criminales y de narcotráfico y no por sus pecados políticos o democráticos. ¿Usted
que opina?.
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