Héctor A. Gil Müller
Navegar entre
tormentas resulta adictivo cuando aprendemos a alimentarnos con la furia y
adrenalina que una situación adversa exige. Entre tormentas muchas cosas se
vuelven sencillas ante la gravedad de otras. El poder se toma con facilidad
cuando el sentido de urgencia aumenta las emociones y disminuye las razones.
Las decisiones se postergan menos porque no es lo mismo decidir cuando se debe
a decidir cuando se tiene que decidir. En las tormentas se establecen nuevas
jerarquias e importancias. Los marinos, experimentados en alta mar, saben que
tirar las cargas aligera la nave y les permite cruzar el mal tiempo.
Aunque viajar
ligero debería ser una constante, en lo individual y en lo colectivo, nos
cargamos innecesariamente para zarpar. Vamos a la mar con culpas, rencores,
prejuicios y mucho más. En los países resulta igual, navegamos con cargas de
antaño, errores añejos, consecuencias fatales y postergaciones dañinas. Las
crisis de la vida afirman lo construido y dan evidencia que los cimientos o
principios, ocultos durante la bonanza, eran firmes y fuertes o, siendo lo
opuesto, lo rompen mostrando la fría consecuencia de errar. En todo, siempre
tenemos solamente dos caminos o reparamos o preparamos. Podemos prepararnos
ante la llegada de la crisis cierta o incierta o podemos, en medio de la
crisis, pretender reparar, en algunos casos posible o en otros desgraciadamente
imposible.
México tiene
ingredientes suficientes para una tormenta de grandes magnitudes. La
dependencia al precio del barril de petroleo frente a una nueva situación
geopolítica como la intervención de EUA en Venezuela trae una fuerte presión al
precio del crudo que de abaratarse advertirá nuevamente la frágil situación de
PEMEX. La pesada carga crediticia, que no ha cesado de contratarse, con
intereses altos confiando en un tipo de cambio bajo late amenazando con el
desbordamiento en cualquier momento. La baja inversión y presiones económicas
con programas de alto costo dificultan la movilidad del pais. Pero llegamos a
las tormentas con muchas cargas, inseguridad rampante, presencia e infiltración
de grupos delictivos, nuevos esquemas laborales que encarecen la producción, debilitamiento
institucional e incertidumbre en lo que debería ser firmeza; el marco
normativo, el plan de desarrollo, el esquema de retiro, etc.
En las crisis
existen oportunidades, es cierto que tras los incendios la tierra se fertiliza,
pero la visión mas clara siempre está en quien no ha perdido. La buena salud no
advierte la ausencia de enfermedad sino que cuando la enfermedad llega, no
compromete lo vital. Enfrentar la dureza de una tormenta exige cimientos
sólidos y salud estable que aumentan las posibilidades de éxito y disminuyen el
daño.
La reacción del
mundo ante el conflicto de EUA contra Venezuela mostró que la doctrina Monroe
“América para los americanos” sigue vigente y sin ningún interes opuesto. El
juicio que pesa sobre el dictador sudamericano no está en función de su arbitrario
manejo democrático o de las libertades políticas desde su gobierno, está en
relación a su intervención y participación con grupos delictivos; ¿La
estrategia de seguridad nacional en México será suficiente para comprobar una
lucha en contra de la intervención de grupos criminales en el país?, ¿estamos
ligeros en México?.


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