Héctor
Gil Muller
La
reforma por la reducción de la jornada laboral máxima en México ha
seguido su curso tal y como se había planeado y comunicado. Su paso através del
congreso se llevó a cabo sin discusiones o modificaciones como resultado de un
exitoso esfuerzo de presentación, cabildeo y comunicación seguramente. En días
pasados el dictamen fue aprobado por la cámara de senadores sin ninguna
modificación. Tal y como lo presentó la presidenta Claudia Sheinbaum en mayo
del año passado; México, a partir del 2027, entrará en un proceso de reducción gradual
de la jornada permitida hasta llegar en 2030 a 40 horas laborales como máximo
de una jornada completa por semana. Actualmente en México existen tres posibles
turnos laborales, el primero comprendido entre las 6:00 y antes de las 20:00
horas con 48 horas como jornada maxima. La jornada nocturna, comprendida entre
las 20:00 y las 6:00 horas solo puede ser de 42 horas y la jornada mixta de 45
horas siempre que solo tome 3.5 horas de la jornada nocturna. Una semana tiene
168 horas, en Mexico, la existencia de estos turnos, sin meternos en tiempos
extras nos permiten cubrir actualmente 135 horas por semana, las restantes 33
deben ser cubiertas mediante tiempos extras o turnos empalmados.
El
movimiento, presentado como una conquista social en realidad es el resultado de
un paquete de implementaciones que desde el tratado de libre comercio con EUA
busca nivelar los esquemas laborales a fin de cerrar un poco más la competencia
entre ambas economías.
Estados
unidos tiene un sistema costoso laboral pero muy poco proteccionista para el
trabajador. Para ellos su unidad de medida es la hora en nuestro caso es la
semana. EUA puede fácilmente aumentar o disminuir su carga laboral en México
los pagos de finiquito lo impiden. La diferencia de salario hace 10 años era
abismal. Con el aumento de salario, con el aumento de prestaciones y con la
reducción de la jornada nos parecemos más.
La
interpretación es positiva para el Mexicano; claro los límites disminuyen, la
protección aumenta, pero el contenido también expresa una pérdida de
competitividad para el sector productivo de nuestro país. Bien dijo César
Nakasiki, abogado defensor de Alberto Fujimuri en el Perú cuando presentó los
alegatos finales del juicio por xenocidio durante su mandato presidencial; “el
progreso siempre conlleva un costó social, cualquier progreso trae felices e
infelices”. A partir de 2030 las
135 horas que se cubrian con la jornada laboral (suponiendo que las pausas de
comida y descanso se escalonan para no suspender la producción), serian 120
horas. Ya sea que la empresas construyan sus
jornadas con sólo tres turnos dejando el sábado y domingo sin producir, o se
abra un cuarto turno a la usanza europea para abarcar las 168 horas semanales.
Por lo
pronto las empresas pequeñas seguramente reducirán con la jornada su turno y
por ende el servicio, las mayores habrán de escalonar con tiempos extras y
evitar el duro costó de parar una línea. Seguramente para el trabajador
industrializado la reducción de la jornada no significará más tiempo libre sino
más ingreso con el mismo tiempo invertido. El reloj
sigue, el paradigma del bienestar sigue sin encontrar sus límites, ¿qué trae
bienestar a un pueblo?.


Nombre:
Correo Electrónico:
Página web:
Número Telefónico:
Tu comentario:
Nombre:
Correo Electrónico:
Página web:
Número Telefónico:
Tu comentario: