Héctor A. Gil Müller
“Prometer no
empobrece”, decía el malogrado e mal intencionado dicho, buscando explicar a su
oyente que el compromiso, que debería mantenerse como resultado de una promesa,
no conlleva en si mismo su cumplimiento y por ende no hay pérdidas o disminución
de nada. Tipo pícaro, cínico y nada virtuoso debe ser el autor del dicho, no
supo que los contratos se hicieron para cumplirse, que el honor debe
salvaguardarse y la promesa se asienta con la palabra, misma que se empeña y
con mayor valor que cualquier otro bien. Hay una segunda parte del proverbio no
tan conocida pero igual de recalcitrante: “… cumplir es lo que aniquila”.
Los tiempos cambian
y aquellos absolutos, que deberían seguir siéndolo, hoy se hacen obsoletos. Lo
que antes era preparar hoy parece reparar y permitir suple lo que antes era
resistir. Las promesas menguan y el compromiso con las mismas también. La
distancia entre las expectativas y las realidades es la brecha que llamamos
decepción, entre promesas y cumplimientos es igual. La gente prometemos desde
nuestras esperanzas y cumplimos por nuestros temores.
La promesa de amor
eterno y permanencia en el matrimonio se ha ido requebrajando, en 30 años
México ha pasado de un 5% a un 33.5% de matrimonios que han concluido en
divorcio en un año. En Noviembre del año 2025 los niveles de impago de los
créditos bancarios en México alcanzaron una cifra histórica, un aumento de un
20% respecto al mismo mis un año antes, esto indica que lo que prometimos
pagar, no lo hacemos y vamos en aumento.
Las promesas, para
la política, son una buena madera para calentar cualquier carrera con el fuego
de la seducción. Se promete para con ello ganar el voto, pero es más facil
prometer en campaña que cumplir en funciones. La posición determina la
percepción y lo que antes se veía sencillo, la realidad se encarga de
complicarlo. Los 15 minutos que le tomaría la pacificación del conflicto armado
en Chiapas que prometió Fox, la defensa del peso como un perro que prometió
Lopez Portillo, la reconstrucción moral de Miguel de la Madrid y el “me canso
ganso” de López Obrador fueron promesas que no llegaron a su cumplimiento en
funciones. Hemos construido con la “esperanza”, no un compromiso, sino un
terreno fertil para las promesas. El entendimiento y discurso de lo moral ha
fortalecido instituciones solo en la medida que puedan esperar con mas
promesas. El sistema de salud, la limpieza en la corrupción, el resguardo de la
democracia, la cercania de la elección, etc.
La relación,
dependiendo el cristal con el que se juzgue, entre México y Estados Unidos está
llena de promesas. Desde la intervención americana para detener el crimen y las
acciones mexicanas para expulsarlo. La promesa de seguridad y de limpieza en
las instituciones palidece con los números crecientes de una marcada
vinculación entre instituciones y el crimen. La impunidad que se promete atacar
sigue al alza, la inseguridad que se prometió disminuir infecta más regiones. Y
lo peor, la lucha contra el narcotráfico, que ya lleva veinte años desde que
comenzó a mencionarse en el sexenio de Felipe Calderón hoy se dice que en
realidad es resultado de la infiltración del narcotráfico en el gobierno y
mientras se promete que quien gobierna es el pueblo.
0 Comentarios
Nombre:
Correo Electrónico:
Página web:
Número Telefónico:
Tu comentario: