Hector A. Gil Müller
El mundo cristiano
recuerda en estas fechas la crucifixión y con ello la pasión y entrega de Jesús
para el cumplimiento de un nuevo pacto o testamento. Con esa acción se cumplía
que Jesús fue el prometido a Abraham, la esperanza de Moises, la inspiración de
David, el cumplimiento de los profetas y la sanción ancestral a la serpiente
como bendición a Adan.
Este mundo está mal por considerar en la
religión y en la historia de Jesús un hecho del pasado y no un propósito,
porque la pasión no debería estar encerrada en un recuerdo sino en un futuro
bendito. Seremos mejores cuando la resurrección de Jesucristo sea una
expectativa. El futuro que nos depara.
¿Dónde está la justicia en los nacidos
justos y ahora enfermos? ¿En los inocentes arrancados de los suyos? ¿Dónde está
la justicia cuando el tirano lastima al débil?, ¿en el ambicioso que roba al
pobre?, ¿en el malvado que desprecia al bueno? Esa misma pregunta hace milenios
está viendo a la cruz en un monte calvario. Apenas 33 años separan la estampa
de esperanza y paz navideña con la verdadera misión cumplida, la expresión de
un amor inagotable; el rey que se entrega para perdón de los rebeldes. Lo
hermoso, alegre y esperanzador de la navidad tomó un destino salvífico para que
nosotros, siempre nosotros, sepamos lo que escribió el apóstol pablo. Ni lo
ancho ni lo profundo nos podrán separar de un amor tan grande.
Que no se nos olvide hallar ese gran amor.
Un sacrificio que no fue para juzgar la maldad sino para salvarnos de sus
consecuencias. ¿Acaso hay algo mejor que saber que el final redime la historia?
Podemos analizar la pasión de Cristo desde
una perspectiva legal en la que intervinieron dos de los sistemas jurídicos más
avanzados de ese tiempo, el hebreo y el romano. Cristo vivió en total 6
juicios, todos con irregularidades ante la ley romana o la mishná hebrea. Fue
interrogado en juicio por Anás, después por Caifás y finalmente por el Sanedrín
quienes buscaban testigos falsos y resolvieron hacerlo culpable por blasfemia
contra Dios al llamarse su propio hijo. Los hebreos, por la ocupación romana
habían perdido el ius gladi o derecho a aplicar sanciones de muerte, por lo que
necesitaban la aprobación de Pilato. El sanedrín modificó la causa de su juicio
y lo presentó ante Pilato acusado de sublevación y sedición contra Roma. Pilato
tras su juicio decide enviarlo a Herodes Antipa, gobernador de Galilea, quien
tras un juicio tortuoso lo devuelve a Pilatos como un regalo político. Pilatos
realiza el sexto juicio declarando que no encuentra en el reo delito alguno
pero que la turba ha decidido, lavándose las manos en una teatralidad judicial
representó el propósito de una entrega voluntaria para lavar al mundo entero.
Muchos otros autores e historiadores se
refieren a esa muerte; Mara Bar Serapion en el 70 habla de un rey sabio
ejecutado y comparado con Pitágoras o Sócrates entre los judíos, Cornelio
Tácito en el 116 d.C. confirma la ejecución del Cristo bajo Tiberio. Gayo
Suetonio en el 120 d.C. describe que los llamados cristianos fueron
terriblemente castigados y ejecutados como su inspirador. Flavio Josefo en el
93 d.C. habla de Jesus un hombre sabio ejecutado por Poncio Pilatos y seguido
por una tribu llamada “cristianos”. Luciano en el 165 d.C. declara a Jesus como
un filosofo crucificado por haber introducido una nueva religión.


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